¡Necesito desconectar!
¿Cúantas veces lo habremos dicho o lo habremos oído decir a otras personas? No es más que una forma de manifestar nuestra sobrecarga de trabajo, de responsabilidades, de preocupaciones ... Nos sentimos agotados, incapaces de continuar soportando tanta tensión.
Vivimos en una sociedad excesivamente competitiva y, a menudo, acabamos siendo sus propias víctimas. Sobrevivir requiere, sin duda, un considerable esfuerzo y muchas personas pagan, por desgracia, un alto precio por alcanzar sus objetivos económicos y sociales: jaquecas, úlceras, infartos ... El precio es "su vida".
Pues bien, para intentar paliar todos estos inconvenientes de la vida moderna, hemos "inventado" el INTERRUPTOR HUMANO".
Es un sencillo aparato que permite la desconexión instantánea de cualquier persona en el momento deseado por ella. Se coloca en la parte posterior de la cabeza, de forma que apenas resulta perceptible por los demás. La operación de implantación es muy sencilla (sólo precisa de anestesia local) y se lleva a cabo únicamente en clínicas privadas (la Seguridad Social no cubre esta prestación sanitaria).
El Interruptor Humano (IH) funciona con una pila solar de 4,5 voltios, por lo que una vez instalado en el paciente, es recomendable que éste pase el mayor tiempo posible al aire libre y no en espacios cerrados, donde se descargaría rápidamente (la pila, claro).
- ¿Alguna pregunta?
- Sí. Una vez apagados, ¿cómo podemos volver a encendernos? ¿no existe el riesgo de que nos quedemos desconectados para siempre?
- Rotundamente, no. El Interruptor Humano lleva incorporado un programador que desactiva los circuitos al llegar la hora que hayamos fijado en el momento de apagarnos. Además, en el improbable caso de que el programador fallase, el aparato cuenta con un sofisticado sistema de reencendido automatico que se dispara a las 48 horas. De todas formas, lo mejor es encargarle a un familiar o a una persona de mucha confianza que, al cabo del tiempo que le indiquemos, nos encienda de nuevo (el familiar, que sea también de confianza).
Durante el tiempo que se mantenga la desconexión, a diferencia del sueño, no se gasta nada, por lo cual la vida se prolonga alcanzándose fácilmente edades centenarias. Queda claro, pues, que no es lo mismo estar desconectado que dormido. Sin embargo, a pesar de sus múltiples ventajas, no conviene abusar del "invento" y desenchufarse demasiado a menudo.
El Interruptor Humano facilita, por otra parte, la convivencia.
¿Cuántas veces, tratando de hablar con alguien, hemos obtenido como respuesta monosílabos o, en el peor de los casos, exabruptos? ¿Cuántas veces, paseando como sonámbulos por las calles, hemos estado a punto de sufrir un atropello? ¿Y cuántas veces, sentados frente al televisor, no sabíamos la película que estábamos viendo?
En estos casos y en otros similares lo mejor es apagarse y, en una media hora habremos recuperado la energía perdida.
Por último, una advertencia: el Interruptor Humano no modifica la personalidad, así que si una persona es por naturaleza "apagada" el aparato no le resuelve el problema. No quisiéramos engañar a nadie y, menos aún, hacer concebir falsas esperanzas.
¿Qué le ha parecido el "invento"? ¿No estaría usted "apagado", verdad?
¿Cúantas veces lo habremos dicho o lo habremos oído decir a otras personas? No es más que una forma de manifestar nuestra sobrecarga de trabajo, de responsabilidades, de preocupaciones ... Nos sentimos agotados, incapaces de continuar soportando tanta tensión.
Vivimos en una sociedad excesivamente competitiva y, a menudo, acabamos siendo sus propias víctimas. Sobrevivir requiere, sin duda, un considerable esfuerzo y muchas personas pagan, por desgracia, un alto precio por alcanzar sus objetivos económicos y sociales: jaquecas, úlceras, infartos ... El precio es "su vida".
Pues bien, para intentar paliar todos estos inconvenientes de la vida moderna, hemos "inventado" el INTERRUPTOR HUMANO".
Es un sencillo aparato que permite la desconexión instantánea de cualquier persona en el momento deseado por ella. Se coloca en la parte posterior de la cabeza, de forma que apenas resulta perceptible por los demás. La operación de implantación es muy sencilla (sólo precisa de anestesia local) y se lleva a cabo únicamente en clínicas privadas (la Seguridad Social no cubre esta prestación sanitaria).
El Interruptor Humano (IH) funciona con una pila solar de 4,5 voltios, por lo que una vez instalado en el paciente, es recomendable que éste pase el mayor tiempo posible al aire libre y no en espacios cerrados, donde se descargaría rápidamente (la pila, claro).
- ¿Alguna pregunta?
- Sí. Una vez apagados, ¿cómo podemos volver a encendernos? ¿no existe el riesgo de que nos quedemos desconectados para siempre?
- Rotundamente, no. El Interruptor Humano lleva incorporado un programador que desactiva los circuitos al llegar la hora que hayamos fijado en el momento de apagarnos. Además, en el improbable caso de que el programador fallase, el aparato cuenta con un sofisticado sistema de reencendido automatico que se dispara a las 48 horas. De todas formas, lo mejor es encargarle a un familiar o a una persona de mucha confianza que, al cabo del tiempo que le indiquemos, nos encienda de nuevo (el familiar, que sea también de confianza).
Durante el tiempo que se mantenga la desconexión, a diferencia del sueño, no se gasta nada, por lo cual la vida se prolonga alcanzándose fácilmente edades centenarias. Queda claro, pues, que no es lo mismo estar desconectado que dormido. Sin embargo, a pesar de sus múltiples ventajas, no conviene abusar del "invento" y desenchufarse demasiado a menudo.
El Interruptor Humano facilita, por otra parte, la convivencia.
¿Cuántas veces, tratando de hablar con alguien, hemos obtenido como respuesta monosílabos o, en el peor de los casos, exabruptos? ¿Cuántas veces, paseando como sonámbulos por las calles, hemos estado a punto de sufrir un atropello? ¿Y cuántas veces, sentados frente al televisor, no sabíamos la película que estábamos viendo?
En estos casos y en otros similares lo mejor es apagarse y, en una media hora habremos recuperado la energía perdida.
Por último, una advertencia: el Interruptor Humano no modifica la personalidad, así que si una persona es por naturaleza "apagada" el aparato no le resuelve el problema. No quisiéramos engañar a nadie y, menos aún, hacer concebir falsas esperanzas.
¿Qué le ha parecido el "invento"? ¿No estaría usted "apagado", verdad?
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